DOÑA CLARINES. Mirándola atentamente. Ahora, nada. Luego contestaremos a una carta que he recibido de doña Sebastiana, tu gran protectora.
MARCELA. Pues hasta luego. Se va.
DOÑA CLARINES. A Luján. ¿Por qué vino el hablar de estas cosas?[87]
LUJÁN. Porque usted empezó a establecer la diferencia entre su hermano y yo.
DOÑA CLARINES. Ah, sí.
LUJÁN. Basilio no habrá[88] sembrado nada, ¿verdad?
DOÑA CLARINES. ¿Qué ha de sembrar eso?[89] Ha despilfarrado lo que sembraron para él.
LUJÁN. Pues ¿y su herencia? ¿Y sus propiedades?
DOÑA CLARINES. Todo está en mi mano. Él lo ha ido vendiendo para sus francachelas y sus vicios… y el dinero que recibía lo daba yo sin que él lo supiera.
LUJÁN. ¡Ah, caramba! Pero ¿ya lo sabe?