DON BASILIO. Uno moral y otro económico. En el moral, ni entro ni salgo.[105] Si ustedes se quieren, harán, como en los cuentos de los chicos, nieblas de las montañas.[106] Pero en el aspecto económico creo que tengo el deber de intervenir.

MIGUEL. No comprendo.

DON BASILIO. Mi hermana está loca. Vox populi, vox Dei.[107] La fortuna de esa niña se encuentra en sus manos. ¿Usted está tranquilo? ¿Está usted tranquilo? ¡Porque yo… no estoy tranquilo! Yo, no estoy tranquilo. Yo, no estoy tranquilo. ¿A qué engañarlo a usted? Mientras más amigos, más claros.[108] Yo, no estoy tranquilo. ¿Usted está tranquilo?

MIGUEL. Francamente… me empieza usted a intranquilizar.

DON BASILIO. Ahí se le fué la burra a su futuro suegro de usted,[109] que en paz descanse. ¡Se le fué! No lo discutamos. ¡Se le fué! Lo de Clarines no es de ahora,[110] ¡qué carape! Clarines tiene los cascos a la jineta hace mucho tiempo. ¿No estaba yo aquí, tan hermano suyo como ella?

MIGUEL. ¡Claro!

DON BASILIO. Sobre que, a mayor abundamiento, yo, querido Miguel, tengo grandes aficiones financieras. Siempre he especulado con éxito brillante. A la propia Clarines le he triplicado el capital.

MIGUEL. ¿Ah, sí?

DON BASILIO. Sí, señor. Hoy cuenta ella con un sin fin de propiedades que no tendría a no ser por mí.

MIGUEL. ¿Hola?