DON BASILIO. Como usted lo oye.—Aquí está ya Marcela. Pónganse ustedes de acuerdo en seguidita. No me gasten la pólvora en salvas.[111] Y en la terracilla por donde hemos pasado lo espero a usted filosóficamente.

MIGUEL. ¿Cómo expresarle mi gratitud, señor don Basilio?

DON BASILIO. ¡De ninguna manera! Es un deber mío, ¡qué carape! Vase por la puerta del foro hacia la derecha.

Sale MARCELA por la puerta de la izquierda. Al ver a Miguel corre a él ansiosa de estrecharle las manos.

MARCELA. ¡Miguel!

MIGUEL. ¡Marcela!

MARCELA. ¡Ya era hora!

MIGUEL. ¿Qué tienes?

MARCELA. ¡El contento de verte aquí![112] ¿Y el tío?

MIGUEL. Ahí fuera, esperándome.