MARCELA. ¡Ésa es mi pregunta! ¡De día y de noche es ésa mi constante pregunta!
MIGUEL. Pues la respuesta de ella no está más que en tu corazón y en el mío. Guadalema entera dice que doña Clarines es rencorosa, es loca. ¿Y qué?[115] ¿Tú me quieres? Guadalema entera cree que yo saldré de esta casa escarnecido y avergonzado. ¿Y qué? ¿Tú me quieres? Guadalema entera afirma que al eco sólo de mi nombre temblarán las paredes viejas de este caserón solitario. ¿Y qué? ¿Tú me quieres? Pues si tú me quieres, todo lo demás es cosa sin fuerza ni sentido.
MARCELA. Sí, Miguel, sí. Ahí está la única verdad: en que tú me quieres: en que te quiero yo. Necesitaba oírtelo decir así, ahora más que nunca.
MIGUEL. También lo sé: también lo he leído en tus ojos. Tu corazón no respira tranquilo en el aire que llena esta casa, que no es aire de primavera. Las historias de Tata la vieja te han hecho temblar…
MARCELA. ¡Miguel!
MIGUEL. Pues aquellas historias pasaron,[116] y yo no he de juzgarlas al lado tuyo. Pero sí quiero que sepas que el amor no tiene en el mundo dos historias iguales, para que puedas confiar en que ésta nuestra no ha de parecerse a la que a ti te ha dado miedo. ¿Me crees?
MARCELA. Te creo, sí.
MIGUEL. Pues si me crees, no llores.
MARCELA. Lloro porque te creo.
MIGUEL. Yo haré pronto porque me creas y rías a la vez.[117] Adiós.