ESCOPETA. Leyendo el sobre. Señora doña Sebastiana Reguero. Ya sé.
¿Na más que dejarla?
DOÑA CLARINES. Nada más.
ESCOPETA. ¿Espero la respuesta?
DOÑA CLARINES. No.
ESCOPETA. ¿Ni tengo que desí ninguna cosita?
DOÑA CLARINES. Ninguna.
ESCOPETA. ¡Vaya por Dios! Me iba yo afisionando… ¿Y poné yo argo de mi cosecha?
DOÑA CLARINES. ¿Cómo de su cosecha? ¡Dios lo libre a usted! Aquí no se dice ni más ni menos que lo que[130] yo mando decir. ¡Medrados estaríamos![131] Éntrase en sus habitaciones.
ESCOPETA. ¡Me tocó la china esta vez! No hay más que aguantarse. A TATA, que sale por la puerta de la izquierda y cruza hacia la de la derecha, llena de curiosidad. ¡Paisana! ¡No entre usté, paisana! ¡Miste que hay rayos en la armórfera, paisana!
TATA. Volviéndose a él. ¡Oiga usted… militar:[132] para ser yo paisana de usted, tendría que haber nacido en una lata de sardinas! ¡Chúpate ésa[133] y vuelve por otra! Vase.