DOÑA CLARINES. Chitón, y dile a Escopeta que venga.

TATA. Si está en casa; porque es muy volandero. Se va refunfuñando.

MARCELA. ¿Algo más, tía?

DOÑA CLARINES. Nada más. Déjame firmar. Se sienta a ello.[127] Así: mi nombre y mis dos apellidos.[128] Yo no escribo anónimos, como algunos traidorzuelos de chicha y nabo. Marcela mira a don Basilio y éste no sabe dónde meterse. Doña Clarines guarda el pliego en un sobre y escribe en él la dirección. ¿Qué te ocurre, Basilio?

DON BASILIO. ¿A mí? ¡Nada! ¿Qué me ha de ocurrir? ¡Nada!

DOÑA CLARINES. Levantándose. Lista.[129] Ahora, sobrina, mira tú si tienes alguna otra cosa que ocultarme.

MARCELA. Yo, tía…

Llega ESCOPETA por la puerta del foro.

ESCOPETA. Señora.

DOÑA CLARINES. Escopeta, lleve usted esta carta ahí enfrente.