MARCELA. Estremeciéndose y dejando de escribir. ¿Eh?

DOÑA CLARINES. Dictándole con gran energía. «… si hoy no hubiera sabido por un azar quién es el novio de mi sobrina.»

MARCELA. Pero ¿usted ha sabido?…

DOÑA CLARINES. Escribe tú.

MARCELA. Repitiendo la frase mientras escribe «… quién es el novio de mi sobrina.»

Don Basilio, que se ha puesto muy serio al oír esta revelación, se guarda el cuaderno y se sienta en un rinconcito a reflexionar.

DOÑA CLARINES. «Pero como he sabido esto, debo añadirle a usted que sus manejos en este caso no revelan solamente liviandad hipócrita, sino maldad muy grande.» Durante las frases anteriores pasa TATA, prestando oído a doña Clarines, y deteniéndose más de lo natural, desde la puerta de la derecha a la del foro. Tata.

TATA. Señora.

DOÑA CLARINES. ¿Quieres preguntarme si estorbas para contestarte que sí?[126]

TATA. Señora, no he hecho más que atravesar de un lado a otro. No sé por dónde había de irme.