LUJÁN. Yo aquí estorbo, Tata. Dígale usted a don Basilio que en su despacho estoy. Vase por la puerta de la izquierda.
TATA. Y Dios sea con todos, señor. Vamos a anunciar que está aquí el señorito. ¡Santa María de la Cabeza! Éntrase por la puerta de la derecha, haciendo gestos de tribulación.
Por la del foro llegan MIGUEL y DON BASILIO.
MIGUEL. Otra vez aquí. A fe que no sospechaba volver tan pronto.
DON BASILIO. Ni yo que usted volviera. Pero, ya lo ve usted: con esta hermana mía no es posible atar dos cuartos de cominos.[140]
MIGUEL. ¿Marcela está con ella quizás?
DON BASILIO. No sé… Es lo probable. Ahora lo veremos. ¡Ah! Una cosa que no quiero que se me olvide: ¡no se le vaya a escurrir a usted, por Dios, que ha estado aquí hace un rato![141]
MIGUEL. Pierda usted cuidado, señor.
DON BASILIO. Nada más fácil. Comprenda usted con qué intención podré yo advertirle…[142]
MIGUEL. Sí, sí…