Por mandato soberano

De Carlos, que el cetro ostenta, 30

Llega al órgano y se sienta

Un viejo esqueleto humano.

La seca y huesosa mano

En el gran teclado imprime,

Y la música sublime,

Que á inmensos raudales brota,

Parece que en cada nota 5

Reza y llora, canta y gime.