Sobre las espaldas cruje
Del rey y del sacerdote.
Ya nada existe que embote 15
El golpe ¡oh Dios! que nos hiere.
¡Miserere!
«Mas ¡ay! que en su audacia loca,
También el orgullo humano
Pone en los cielos su mano 20
Y á ti, Señor, te provoca.
Mientras blasfeme su boca