Hoy mismo, ¿quién podría

Llenar las soledades de tu alma,

Con voz más empapada de consuelos,

Que la solemne voz medio cristiana, 20

Présaga del dolor de otras edades,

Con que Menandro repitió en la escena:

«Joven sucumbe el que los dioses aman»?

Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino,

Nunca cual hoy profundo y lastimero! 25

No sé qué vaga nube,