Los abismos del mar y descendieron,

Cual piedra, en el profundo, y tu ira luego

Los tragó, como arista seca el fuego.

El soberbio tirano, confiado

En el grande aparato de sus naves,

Que de los nuestros la cerviz cautiva 5

Y las manos aviva

Al ministerio injusto de su estado,

Derribó con los brazos suyos graves

Los cedros más excelsos de la cima