Que entero para él solo se guardaba,
Allí quedó dormido: 20
Y yo le regalaba,
Y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
Cuando ya sus cabellos esparcía,
Con su mano serena 25
En mi cuello hería,
Y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,