Muévenme las angustias de tu muerte;
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera
Que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Y aunque no hubiera infierno, te temiera. 15
No me tienes que dar por qué te quiera;
Porque, si cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.
Benito Arias Montano
(1527–1598)