Y el recatado labio no movía. 30

¡Ay, si mis ojos con igual cordura

Celar pudieran sus ocultas llamas!

Y no que, ansiosos de mirar cercano

Aquel hermoso bulto soberano,

Se divirtieron á mover las ramas;

Y apenas el ruido

Hirió á la bella ninfa el pronto oído,

Cuando su vista y rostro honesto

Le descubrió mi hurto manifiesto. 5