I

Ya vuelve el triste invierno,

Desde el confín del Sármata aterido,

A turbar nuestros claros horizontes

Con el ceñudo aspecto y faz rugosa,

Con que, á influjos de la Osa, 5

Manda intratable en los rifeos montes

Y en la Zembla polar, donde temido

Señor de eterna nieve y hielo eterno,

Con tirano gobierno,