De que nuestra gran lengua esté abatida,

Siendo de la elocuencia el mayor río.

. . . . . . . . . .

La vista de un mal libro me es terrible;

Y en mi mano no está, que en este caso 25

Me deje dominar de la irascible.

Días há que con ceño nada escaso

Hubiera desahogado el entresijo

De las fatigas tétricas que paso,

Si tú, en tus cobardías siempre fijo, 30