Sus perlas y coral el Oceano,

Y donde quier que revolver sus olas

Él intentase, á quebrantar su furia

Siempre encontraba costas españolas.

Ora en el cieno del oprobio hundida,

Abandonada á la insolencia ajena,

Como esclava en mercado, ya aguardaba

La ruda argolla y la servil cadena.

¡Qué de plagas! ¡oh Dios! Su aliento impuro,

La pestilente fiebre respirando,