Infestó el aire, emponzoñó la vida;

La hambre enflaquecida

Tendió sus brazos lívidos, ahogando

Cuanto el contagio perdonó; tres veces

De Jano el templo abrimos,

Y á la trompa de Marte aliento dimos;

Tres veces ¡ay! Los dioses tutelares

Su escudo nos negaron, y nos vimos

Rotos en tierra y rotos en los mares.

¿Qué en tanto tiempo viste