Embargada en suspiros mi garganta.

Y en ignominia tanta,

¿Será que rinda el español bizarro

La indómita cerviz á la cadena?

No, que ya en torno suena

De Palas fiera el sanguinoso carro,

Y el látigo estallante

Los caballos flamígeros hostiga.

Ya el duro peto y el arnés brillante

Visten los fuertes hijos de Pelayo.