Mustio el dulce carmín de su mejilla,

Y en su frente marchita la azucena,

Con voz turbada y anhelante lloro,

De su verdugo ante los pies se humilla

Tímida virgen, de amargura llena;

Mas con furor de hiena,

Alzando el corvo alfanje damasquino,

Hiende su cuello el bárbaro asesino.

¡Horrible atrocidad!... Treguas ¡oh musa!

Que ya la voz rehusa