Penetrando en los hondos aposentos,

De sangre y oro y lágrimas sedientos?

Rompen, talan, destrozan

Cuanto se ofrece á su sangrienta espada.

Aquí, matando al dueño, se alborozan,

Hieren allí su esposa acongojada;

La familia asolada

Yace expirando, y con feroz sonrisa

Sorben voraces el fatal tesoro.

Suelta, á otro lado, la madeja de oro,