El amor, que es espíritu de fuego,

Que de callada noche se aconseja

Y se nutre con lágrimas y ruego,

En tus purpúreos labios se escondió:

Él te guarde el placer y a mí la queja:

Sé más feliz que yo.

Bella es tu juventud en sus albores

Como un campo de rosas del Oriente;

Al ángel del recuerdo pedí flores

Para adornar tu sien, y me las dió;