Llevóle Inés hacia el templo

Que en medio la vega yace.

Enclavado en un madero,

En duro y postrero trance,

Ceñida la sien de espinas,

Descolorido el semblante,

Víase allí un crucifijo

Teñido de negra sangre,

Á quien Toledo devota

Acude hoy en sus azares.