Como escabeles de su trono inmenso:
Debajo de él... las nubes se amontonan
Cual humo leve de quemado incienso.
¡Sobre él... los cielos nada más! La tarde
Le invidia al verlo de fulgor ceñido...
Llega la noche, y aún su frente arde
Con reflejos de un sol por siempre hundido.
Allá turnan con raudo movimiento
Una y otra estación... Él permanece
Mudo, inmóvil, estéril. ¡Monumento