De la implacable eternidad parece!
Ni el oso atroz ni el traicionero lobo
Huellan jamás su excelsitud nevada...
Huérfano vive del calor del globo...
¡En él principia el reino de la nada!
Por eso, ufano de su horror profundo,
Dichoso aquí mi corazón palpita...
¡Aquí solo con Dios..., fuera del mundo!
¡Solo, bajo la bóveda infinita!
¡Y qué süave, deleitosa calma