De eterna libertad tendiendo el vuelo...
Tal ansia acude al corazón llagado,
Al mirarte, ¡oh Mont-Blanc!, erguir la frente
Sobre un mísero mundo atribulado
Por el cierzo y el rayo y el torrente.
¡Tú nada temes! De tu imperio yerto
Sólo Dios es señor, fuerza y medida:
¡Cómo el ancho Océano y el Desierto,
Tú vives sólo de tu propia vida!
La tierra acaba en tu glacial palacio;