La vil lisonja, la ignorancia acata,

Y el infortunio quiebra.

XI

¡Padres míos, mi amor! Cuando contemplo

La sublime bondad de vuestro rostro,

Mi alma a los trances de la vida templo,

Y ante esa imagen para orar me postro,

Cual me postro en el templo.

XII

Cada arruga que surca ese semblante