Abandonando en su falaz quimera,

Por el lejano mal, el bien cercano.

¡Ah! siempre el hombre en su ilusión maldita

Su misma dicha en despreciar se empeña,

Y al seguirla tenaz, tenaz la evita,

Y aunque en su mismo corazón palpita,

¡Lejos, muy lejos, con afán la sueña!

¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!

I

—Escribidme una carta, señor Cura.