—Ya sé para quién es.
—¿Sabéis quién es, porque una noche obscura
Nos visteis juntos?—Pues.
—Perdonad; mas...—No extraño ese tropiezo.
La noche... la ocasión...
Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:
Mi querido Ramón:
—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...
—Si no queréis...—¡Sí, sí!
—¡Qué triste estoy! ¿ No es eso?—Por supuesto.