Hoy que mi frente atónito golpeo,
Y con febril deseo
Busco los restos de mi fe perdida,
Por hallarla otra vez, radiante y bella
Como en la edad aquella,
¡Desgraciado de mí! diera la vida.
¡Con qué profundo amor, niño inocente,
Prosternaba mi frente
En las losas del templo sacrosanto!