Surge cada oración distinta y clara;

En el gótico altar inmoble y fijo

El santo crucifijo,

Que extiende sin vigor sus brazos yertos,

Siempre en la sorda lucha de la vida,

Tan áspera y reñida,

Para el dolor y la humildad abiertos;

El místico clamor de la campana

Que sobre el alma humana

De las caladas torres se despeña,