Lo presintió Platón cuando sentado

En las rocas de Engina contemplaba

Las sombras que en silencio descendían

Á posarse en las cumbres del Himeto;

Y el misterioso diálogo entablaba

Con las olas inquietas

¡Que á sus pies se arrastraban y gemían!

Adivinó su nombre, hija postrera

Del tiempo, destinada

Á celebrar las bodas del futuro