En sus campos de eterna primavera,

¡Y la llamó la Atlántida soñada!

Pero Dios reservaba

La empresa ruda al genio renaciente

De la latina raza, ¡domadora

De pueblos, combatiente

De las grandes batallas de la historia!

Y cuando fué la hora,

Colón apareció sobre la nave

Del destino del mundo portadora—