Y la nave avanzó. Y el Océano,
Huraño y turbulento,
Lanzó al encuentro del bajel latino
Los negros aquilones,
¡Y á su frente rugiendo el torbellino,
Jinete en el relámpago sangriento!
Pero la nave fué, y el hondo arcano
Cayó roto en pedazos;
¡Y despertó la Atlántida soñada
De un pobre visionario entre los brazos!