Desciende, y canta, repartiendo flores,

Y colgando en las vides los racimos.

¡Cuál suenan gratamente,

Acordes, en un ritmo,

Del agua el melancólico murmullo

Y el leve susurrar de tu vestido!

¡Oh, si me fuera dado

Guardar en mis oídos,

Para siempre, esta música del alma,

Esta unión de tu ser y de mis ríos!