Tú mi sepulcro ampararás piadoso

De las roncas tormentas;

Y mi ceniza entonce agradecida,

En restaurantes jugos convertida,

Por tus delgadas venas penetrando,

Te hará reverdecer, te dará vida.

Quizá sabiendo el infeliz destino

Que oprimió mi existencia desdichada,

Sobre mi pobre tumba abandonada

Una lágrima vierta el peregrino.