Buscó refugio en mis abiertos brazos,

Y cuando entre caricias y entre abrazos,

Que prodigué, con paternal empeño,

Hubo al fin disipado sus temores,

Trocando así en sonrisas sus clamores,

Cerró los ojos en tranquilo sueño.

En silencio quedó la estancia mía;

Y sintiéndome ansioso

De no turbar el infantil reposo

De mi bien, en mi pecho reclinado,