Inmóviles mis miembros mantenía,

Y mi amoroso corazón latía

Al ritmo de su aliento sosegado.

Sobre su faz serena,

Regadas como límpido rocío

En el cáliz de pálida azucena,

Brillaban gotas del reciente lloro,

Y las guedejas de oro

Del undoso cabello

Caían arropando su albo cuello.