Así nos sorprendió mi tierna esposa.
Que á la par temerosa
De interrumpir mi sueño de ventura,
Con paso leve recorrió el estrado
Y sin sentirla yo, vino á mi lado.
Aquella dulce calma
Que reinaba entre mí y en torno mío,
Llenóme al fin de arrobamiento el alma.
Y se quedó mi mente
Enajenada en éxtasis creciente.