Á la frondosa vid, al pino agreste,

Y de Minerva al árbol majestuoso.

Nieve eternal corona las cabezas

De Iztaccíhual purísimo, Orizaba

Y Popocatepec; sin que el invierno

Toque jamás con destructora mano

Los campos fertilísimos, do ledo

Los mira el indio en púrpura ligera

Y oro teñirse, reflejando el brillo

Del Sol en occidente, que sereno