En hielo eterno y perennal verdura

Á torrentes vertió su luz dorada,

Y vió á naturaleza conmovida

Con su dulce calor hervir en vida.

Era la tarde: su ligera brisa

Las alas en silencio ya plegaba

Y entre la hierba y árboles dormía,

Mientras el ancho sol su disco hundía

Detrás de Iztaccíhual. La nieve eterna

Cual disuelta en mar de oro, semejaba