Á nuestros nietos últimos, empero,

Sé lección saludable; y hoy al hombre

Que ciego en su saber fútil y vano

Al cielo, cual Titán, truena orgulloso,

Sé ejemplo ignominioso

De la demencia y del furor humano.

EL NIÁGARA

Templad mi lira, dádmela, que siento

En mi alma estremecida y agitada

Arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo