Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia;

Y pues vuestra eternal sabiduría

Ve al través de mi cuerpo el alma mía

Cual del aire á la clara transparencia,

Estorbad que humillada la inocencia

Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, Señor, por la preciosa

Sangre vertida, que la culpa sella

Del pecado de Adán, ó por aquella

Madre cándida, dulce y amorosa,