Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa,

Siguió tu muerte como helíaca estrella.

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia

Que yo perezca cual malvado impío,

Y que los hombres mi cadáver frío

Ultrajen con maligna complacencia...

¡Suene tu voz, y acabe mi existencia!...

¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

DOÑA GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA