Quien no espera vencer, ya está vencido.»
Dice; y al punto, cual fugaces carros
Que, dada la señal, parten, y en densos
De arena y polvo torbellinos ruedan,
Arden los ejes, se estremece el suelo,
Estrépito confuso asorda el cielo,
Y en medio del afán cada cual teme
Que los demás adelantarse puedan;
Así los ordenados escuadrones,
Que del iris reflejan los colores