¿Estarás condenada

Á eterna soledad y amargo lloro?

No, que existe un mortal sobre la tierra,

Un joven infeliz, desesperado,

Á quien horrible suerte ha condenado

Á perpetuo gemir: ven, pues, ¡oh rosa!

Ven á mi amante seno, en él reposa

Y ojalá de mis besos la pureza

Resucitar pudiera tu belleza.

Ven, ven, ¡oh triste rosa!