II. Zupay
Entre los mitos del país Zupay[210] es, sin duda, la encarnación más potente del misterio selvático. Zupay es el Diablo de la Selva; y, como tal, no es producto genuino del espíritu quichua, ni la tradición incontaminada del demonio español. Más bien es una resultante del uno y del otro. En su estado primordial es un genio latente y maligno; es el genio de todo lo adverso que aflige a los hombres y el enemigo de Nuestro Señor. Puede estar en el agua, en el fuego, en la atmósfera; y sabe, al par, dirigir estos elementos para sembrar en la Selva pestes, inundaciones, sequías, catástrofes....
El mito de Zupay se relaciona tanto con los de la hechicera y la Salamanca,[211] que constituyen inseparable unidad. Los poderes de la bruja provienen de un pacto con Zupay, y la Salamanca no es sino la academia subterránea, oculta en el bosque, donde el neófito aprende su ciencia junto a las cátedras diabólicas. Zupay, maestro, da sus lecciones a la bruja, su discípula, en su escuela tenebrosa, la Salamanca....
Zupay, universal y ubicuo en su estado latente, es multiforme en sus personificaciones y manifestaciones. Prefiere en sus metamorfosis figuras humanas. Ha encarnado alguna vez en cuerpo de hermoso mancebo, apareciéndose en un rancho a cierta mujer ingenua. Se ha mostrado otra ocasión como un gaucho rico y joven que visita la Selva en su caballo enjaezado de mágicos arreos. Otra sazón, un paisano, cantor de la comarca, atravesando el bosque, rumbo a la fiesta, vióse de pronto acompañado por alguien que le desafiaba a “payar”, guitarra en mano: era también Zupay,[212] el Malo, como en la leyenda de Santos Vega. Los nativos hablan asimismo de un diminuto duende, que es como la encarnación humorística y bromista de Zupay. Es el travieso enano de la siesta, con[213] su corta estatura, su rostro magro y barbirrucio, el ingenio maligno bullendo bajo el ancho sombrerote de copa en embudo....
Los hijos de la Selva refieren otras revelaciones de Zupay. Cierto día los montes saladinos oyeron[214] el baladro de un fabuloso toro, bestia chúcara de olímpica frente sobre cuello crinado, y ¡era también Zupay! Otro día le vieron, entre las penumbras del ramaje, con rostro de sátiro, peludas piernas y hendidas patas de chivo....