[56] The cavaliers might be excused for not wantonly venturing their horses, if, as Diaz asserts, they could only be replaced at an expense of eight hundred or a thousand dollars apiece: “Porque costaua en aquella sazon vn cauallo ochocientos pesos, y aun algunos costauan á mas de mil.” Hist. de la Conquista, cap. 151. See, also, ante, Book II. chap. 3, note 14.

[57] “Mira pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os encomiendo estos trabajos, pues veis q̃ estoy herido y coxo; ruego os pongais cobro en estos tres reales; bien sé q̃ Pedro de Alvarado, y sus Capitanes, y soldados aurán batallado, y hecho como caualleros, mas temo el gran poder destos perros no les ayan desbaratado.” Bernal Diaz, Hist. de la Conquista, cap. 152.

[58] “Vn atambor de muy triste sonido, enfin como instrumento de demonios, y retumbaua tanto, que se oia dos, ó tres leguas.” Bernal Diaz, Hist. de la Conquista, loc. cit.

[59] Bernal Diaz, Hist. de la Conquista, ubi supra.—Oviedo, Hist. de las Ind., MS., lib. 33, cap. 48.—“Sacándoles los corazones, sobre una piedra que era como un pilar cortado, tan grueso como un hombre y algo mas, y tan alto como medio estadio; allí á cada uno echado de espaldas sobre aquella piedra, que se llama Techcatl, uno le tiraba por un brazo, y otro por el otro, y tambien por las piernas otros dos, y venia uno de aquellos Sátrapas, con un pedernal, como un hierro de lanza enhastado, en un palo de dos palmos de largo, le daba un golpe con ambas manos en el pecho; y sacando aquel pedernal, por la misma llaga metia la mano, y arrancábale el corazón, y luego fregaba con él la boca del Ídolo; y echaba á rodar el cuerpo por las gradas abajo, que serian como cinquenta ó sesenta gradas, por allí abajo iba quebrando las piernas y los brazos, y dando cabezasos con la cabeza, hasta que llegaba abajo aun vivo.” Sahagun, Hist. de Nueva-España, MS., lib. 12, cap. 35.

[60] At least, such is the honest confession of Captain Diaz, as stouthearted a soldier as any in the army. He consoles himself, however, with the reflection that the tremor of his limbs intimated rather an excess of courage than a want of it, since it arose from a lively sense of the great dangers into which his daring spirit was about to hurry him! The passage in the original affords a good specimen of the inimitable naïveté of the old chronicler: “Digan agora todos aquellos caualleros, que desto del militar entienden, y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á que fin echarán mi temor, si es á mucha flaqueza de animo, ó á mucho esfuerço, porque como he dicho, sentia yo en mi pensamiento, que auia de poner por mi persona, batallando en parte que por fuerça auia de temer la muerte mas que otras vezes, y por esto me temblaua el coraçon, y temia la muerte.” Hist. de la Conquista, cap. 156.

[61] Herrera, Hist. general, dec. 3, lib. 2, cap. 20.—Ixtlilxochitl, Venida de los Españoles, pp. 41, 42.—“Y nos dezian, que de aí á ocho dias no auia de quedar ninguno de nosotros á vida, porque assí se lo auian prometido la noche antes sus Dioses.” Bernal Diaz, Hist. de la Conquista, cap. 153.

[62] Sahagun, Hist. de Nueva-España, MS., lib. 12, cap. 36.—Ixtlilxochitl, Venida de los Españoles, pp. 41, 42.—The Castilian scholar will see that I have not drawn on my imagination for the picture of these horrors: “Digamos aora lo que los Mexicanos hazian de noche en sus grandes, y altos Cues; y es, q̃ tañian su maldito atambor, que dixe otra vez que era el de mas maldito sonido, y mas triste q̃ se podia inuētar, y sonaua muy lexos; y tañian otros peores instrumentos. En fin, cosas diabólicas, y teniā grandes lumbres, y dauā grādíssimos gritos, y siluos, y en aquel instāte estauan sacrificando de nuestros cōpañeros, de los q̃ tomárō á Cortés, que supímos q̃ sacrificáron diez dias arreo, hasta que los acabáron, y el postrero dexárō á Christoual de Guzman, q̃ viuo lo tuuiéron diez y ocho dias, segun dixérō tres Capitanes Mexicanos q̃ prēdímos.” Bernal Diaz, Hist. de la Conquista, cap. 153.

[63] “Que no era bien, que Mugeres Castellanas dexasen á sus Maridos, iendo á la Guerra, i que adonde ellos muriesen, moririan ellas.” (Herrera, Hist. general, dec. 3, lib. 1, cap. 22.) The historian has embalmed the names of several of these heroines in his pages, who are, doubtless, well entitled to share the honors of the Conquest: Beatriz de Palacios, María de Estrada, Juana Martin, Isabel Rodriguez, and Beatriz Bermudez.

[64] Ibid., ubi supra.

[65] And yet the priests were not so much to blame, if, as Solís assures us, “the Devil went about very industriously in those days, insinuating into the ears of his flock what he could not into their hearts.” Conquista, lib. 5, cap. 22.