Brum. De manera que Cupido pasion es; ¡oh dichoso! que si hombre fuera, ó traxera semejanza ó figura de persona, no se me escapára que no muriera á mis manos.

Olig. Madre, véte ya, que yo aquí me quedo, hablaré dos palabras, que me cumplen, con Drionea.

Cel. ¡Ay, bellaco, quién no te entendiese! pero holgaos que vuestro tiempo es, por ahí pasamos y hecimos lo que pudimos su madre de ésa y yo cuando éramos de su edad. Libia, báxame acá esas cuentas.

Olig. ¿Para qué las quieres?

Cel. ¿Para qué? para rezar y encomendarme á Dios y oir mi misa, si á Dios pluguiere, que jamas la perdí. Cerrad esas puertas por dentro.

Olig. Aguárdame ahí, Brumandilon, que luégo baxo.

Brum. Aquí me quedo con estotra, y despacha presto, sendas manos bastan. Vén acá tú, Libia, está queda, xo, xo.

Lib. Pardios, no haré, contino has de ser bellaco; quítate allá, que hueles á viejo.

Olig. A buen tiempo vengo, señora Drionea, á lo ménos no me estorbará ahora el verdugado.

Drion. Miraldo, ni ménos á mí me pesará la bolsa con los dineros que te pedí.